La democracia en Europa y la división de la izquierda radical

¿Es posible democratizar la Unión Europea? ¿Qué estrategia seguir? La respuesta a estas preguntas está provocando una profunda división en la izquierda radical europea. Y sin unidad no será posible una Europa democrática.

El objetivo común está claro: se trata de conseguir una Unión Europea democrática y fuerte. Democrática no solo en el sentido electoral sino que ponga sus instituciones al servicio de sus pueblos, de los derechos humanos, la protección medioambiental, los derechos laborales, equidad en el reparto de rentas, políticas activas de género, servicios de educación y salud de calidad para todos, renta básica garantizada… Y fuerte para que pueda enfrentarse al poder de las grandes finanzas y empresas transnacionales: la Unión Europea democrática tendrá más poder que los estados nacionales independientes.

El debate sobre cómo conseguir ese objetivo es lo que divide a la izquierda. Por un lado, la alianza formada por Podemos, el Bloco portugués y la France Insumise. Por otro, la alianza Primavera Europea (European Spring) promovida por DiEM25, el movimiento fundado por Yannis Varoufakis, la Generation-S de Benoît Hamon, el partido de izquierdas polaco Razem, el danés Alternativet, acompañados de una amplia maraña de partidos y movimientos menores en todos los países europeos incluido el español Actúa de Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares.

Primavera Europea tiene un programa, “New Deal for Europe”,  con propuestas de reformas desarrolladas sobre educación, salud, finanzas y el euro, comercio internacional, políticas para la mujer, los trabajadores, migración y refugiados, la transición verde. Propone como objetivo que en 2024 haya unas elecciones constituyentes que elijan diputados para que elaboren una Constitución para Europa. ¿Es posible conseguir ese objetivo? En el ambiente europeo actual resulta difícil  imaginar una asamblea constituyente europea. Y, en el caso de que se consiguiera esa asamblea constituyente ¿Podemos esperar que el resultado fuera más democrático que la actual UE?

La alianza Podemos-Bloco-Insumise no tiene un programa propio elaborado, pero en las reuniones sobre un Plan B para Europa niegan la posibilidad de una reforma democrática de las actuales instituciones de la UE. La alternativa que se propone es que los estados miembros recuperen soberanía, fortalezcan sus democracias individualmente y reconstruyan otra Unión Europea. Pero igualmente podemos preguntarnos si es posible recuperar soberanía. Lo que sucedió a Grecia en 2015 pesa sobre todos los análisis. Las instituciones de la UE y especialmente el Banco Central Europeo disponen de medios para bloquear un país, para anular su sistema de pagos y hacer que cierren todos los bancos y dejen de funcionar los cajeros y las tarjetas, para que los trabajadores no puedan cobrar sueldos y salarios, para que no se pueda comprar o vender nada. Eso es lo que hicieron en Grecia y lo que sin duda están dispuestos a volver a hacer con cualquier país que quiera recuperar su soberanía monetaria.

Y aunque se pudiera ¿Realmente nos interesa salirnos del Euro? Una peseta devaluada provocaría automáticamente el encarecimiento de las importaciones, inflación, salida de capitales, desinversiones, desabastecimiento, cierre de empresas, aumento del desempleo y reducción de la capacidad adquisitiva de las rentas. Por no hablar del extraordinario coste político. Según el Eurobarómetro, la ciudadanía europea está cada día más apegada a la UE y los habitantes de la eurozona no quieren abandonar el Euro.

El resumen es deprimentemente negativo: ni se puede democratizar la UE ni podemos recuperar nuestra soberanía. Es la situación que describieron los economistas latinoamericanos de la teoría de la dependencia en los años 50 y 60 del pasado siglo. Los países del centro exprimen a los países de la periferia pero estos no pueden zafarse de sus garras porque sería peor.

Y sin embargo… hay razones para ser optimistas. Hay razones para creer que en los próximos cuatro años se van a producir una serie de acontecimientos, algunos previsibles y otros imprevisibles, que van a abrir ventanas de oportunidad que podrá utilizar la izquierda radical para conquistar al menos parte de sus objetivos. Se acerca una bandada de cisnes negros. Se llama “cisne negro” a un acontecimiento imprevisible que tiene un efecto extraordinario sobre la sociedad, la política o la economía. Se ponen como ejemplo de cisnes negros la aparición de Internet o la caída de las Torres Gemelas. La Teoría del Cisne Negro encaja con los modelos postkeynesianos (la izquierda keynesiana) que a partir de la diferenciación entre riesgo (previsible con una probabilidad estimable) e incertidumbre (imprevisible), consideran que los sucesos imprevisibles y de alto impacto son tan frecuentes que el futuro solo puede ser analizado bajo la humilde óptica de una incertidumbre radical.

Hay muchas razones para pensar que en los próximos cuatro años Europa recibirá una bandada de cisnes negros. La Unión Europea está explotando y lo estamos viendo a cámara lenta. Veamos algunos de los problemas económicos y políticos que están causando esa deflagración.

Problemas económicos

  • El euro se diseñó muy mal y, lo que es peor, no hubo previsiones para su reforma. Las élites políticas y económicas son plenamente conscientes de sus graves deficiencias.
  • El sistema euro potencia los desequilibrios entre un Norte con superávits y un Sur con déficits comerciales, fiscales y financieros.
  • Las deudas del Sur se acercan a niveles insostenibles. No solo la deuda pública, sino la deuda privada y especialmente la del sector financiero. El sistema bancario español tiene una posición deudora en el sistema TARGET2 de 400.000 millones de euros, el 40% del PIB. La deuda de la banca italiana es de 450.000 millones. En cambio la posición acreedora de los bancos alemanes supera los 800.000 millones de euros. Le siguen los bancos holandeses y luxemburgueses; los paraísos fiscales de la eurozona resultan muy atractivos.
  • El sistema bancario está débil y frágil en toda la eurozona, incluyendo la banca alemana. Los activos de sus balances encubren sobrevaloraciones y créditos de muy dudoso cobre. La inmensa ayuda proporcionada por la política QE (quantitative easing, expansión cuantitativa, la creación masiva de euros que se distribuyen a través de los bancos) del Banco Central Europeo tan solo ha servido para mantenerlos con respiración asistida sin que hayan conseguido solucionar los problemas de fondo. Además, el QE ha alcanzado ya los límites de lo posible y finalizará en diciembre de 2018.
  • Los tipos de interés están subiendo en los EEUU lo que fuerza a que suban también en Europa para evitar la fuga de capitales. Los precios del petróleo y las materias primas están subiendo. Los vientos de cola que han permitido en los últimos años una tímida recuperación se han vuelto de frente.
  • Las desigualdades están creciendo, no solo las desigualdades en la renta de las personas sino también en el PIB y la renta per cápita de los países de la UE. La promesa de convergencia ha demostrado ser falsa. Y la situación se agrava rápidamente.

Problemas políticos

La aparición de China como superpotencia hegemónica en competencia con los EEUU ha provocado un desplazamiento del centro estratégico del mundo hacia el Asia oriental dejando a la UE en una posición marginal. El “America First” de Donald Trump está resultando significar que en su lucha agónica por mantener la supremacía necesita someter y subordinar a sus antiguos aliados. Europa ya no tendrá voz en el diseño de las políticas internacionales; sus intereses ya no serán atendidos. Las tensiones bélicas en el próximo oriente se mantendrán o aumentarán de intensidad. Las relaciones comerciales de la UE con los EEUU serán revisadas y reformuladas para mayor beneficio del hegemón.

Las tensiones entre los estados miembros de la UE están aumentando. Los partidos nacionalistas xenófobos han ocupado los gobiernos en Polonia, Hungría, Austria e Italia y están ampliando sus bases de poder en toda Europa. No debemos engañarnos pensando que su auge se debe a que los indignados europeos se equivocan al votar. Los partidos neofascistas están respaldados por capitalistas, descontentos con lo que la UE les ofrece, y por poderosas cadenas de medios de información.

Las grandes empresas transnacionales (ETN) quieren o una Europa unida y subordinada o una Europa dividida y por tanto igualmente subordinada. Si la UE fracasa, las ETN también tienen un Plan B.

Los sucesos previsibles son los debates y los intentos de reforma “por arriba”. La oligarquía económica y política de la UE es plenamente consciente de todos estos problemas, de la urgente necesidad de encontrar soluciones. El programa de salvación que ha propuesto Macrón ha sido aceptado como borrador y está siendo sometido a debate sin mucho entusiasmo.

Los sucesos imprevisibles, los cisnes negros, pueden aparecer por cualquier parte. Pueden venir de las políticas migratorias, de una quiebra bancaria, de una guerra comercial, del agravamiento de los conflictos en el oriente próximo, de un estallido bélico en el Pacífico, de un suceso climático, de saltos en la tecnología verde o de sublevaciones espontáneas en las calles europeas.

Sean cuales sean, abrirán ventanas de oportunidad. Y la izquierda tiene que estar preparada para poder aprovecharlos, influir y reconducirlos en salvaguarda de los intereses populares. Y será imprescindible la unidad de la izquierda para ofrecer una respuesta contundente y decisiva.

Los diversos programas a debate, el Plan A, el Plan B y el Plan C son en realidad proyectos perfectamente coherentes entre sí y que tendrán mayor o menor posibilidad de éxito dependiendo de las circunstancias, de por dónde vengan los cisnes negros.

El Plan A es la democratización de la UE. Requiere unir el trabajo en las instituciones, en el Parlamento Europeo, con el combate por el pensamiento hegemónico y la lucha en las calles. Requiere tomar postura ante las propuestas que surjan y proponer alternativas. Hacer política. Y en las respuestas debe haber unidad de la izquierda radical. Y que la izquierda se manifieste también unida en los medios y en las calles.

El Plan B es rebelión, desobediencia, insumisión de los gobiernos progresistas. Hay margen. Lo está demostrando Portugal con sus medidas opuestas al austericidio. Lo están demostrando los ayuntamientos del cambio. Hay margen y se abrirán huecos y oportunidades que habrá que aprovechar. Y también es imprescindible la unidad para la conquista de las instituciones y el diseño e implementación de políticas alternativas

El Plan C, consiste en prepararse para la ruptura del Euro. Es posible que los cisnes negros provoquen esa ruptura. O al menos que permitan una mayor o menor recuperación de soberanía. Una de las medidas posibles es la creación de monedas locales, de Plataformas Públicas de Pagos Digitales que pueden facilitar la conversión de moneda de forma rápida y a bajo coste. Y también el combate ideológico, la divulgación para la concienciación de los ciudadanos del daño que nos hace el Euro.

Es posible conseguir una Europa más democrática aun sin tener mayorías electorales. En los años 50 y 60 del siglo pasado, mientras se preparaban los cimientos de la Unión Europea, en todos los países se creaban los sistemas de pensiones, sanitarios y educativos. El Estado de Bienestar, el keynesianismo, no era el programa de la socialdemocracia, era el programa de todos los gobiernos europeos, conservadores o laboristas, demócrata-cristianos o social-demócratas. ¿Por qué? Por miedo. Porque tenían miedo a la guerra. Porque tenían miedo a los fascismos. Porque tenían miedo a la Unión Soviética y los partidos comunistas.

Hoy ha vuelto el miedo a las élites europeas. Miedo a China y a los EEUU, miedo a los neofascismos, miedo a la ruina económica, miedo a los indignados. Es posible que comprendan que la única forma de recuperar la senda de crecimiento y estabilidad, la única vía de salvación posible para la Unión Europea, sea su democratización. Y una izquierda unida puede empujar para recuperar las viejas conquistas y conseguir nuevos avances en derechos.

Hay que hacer un esfuerzo de diálogo. Por encima de las diferencias, por encima de los personalismos, de las acusaciones de traición o de malas prácticas. Los líderes de la izquierda deben tragarse su orgullo, hacer acopio de humildad y sentarse a dialogar. Eso es hacer política. Para eso están ahí. Sería muy lamentable que, en estos momentos en los que todo es posible, la izquierda radical se presentara otra vez dividida.

 

Este texto se corresponde con la charla ofrecida el 16 de junio de 2018 en la Jornada “Darle la Vuelta a Europa” organizada en Sevilla por el Área de Internacional de Podemos Andalucía y la Secretaria de Europa de Podemos.

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