¿Una rebelión en la cárcel? ¡Sí se puede!

Lo primero es fortalecernos. Podemos hacer magia sin romper el matraz. El gobierno de Portugal está demostrando que se puede sobrevivir a la austeridad aplicando políticas sociales progresivas. En el Ayuntamiento de Madrid (y en Barcelona, y en Cádiz) se está demostrando la capacidad de obrar milagros. La banda de ladrones que nos gobierna son, además, muy malos gestores. No es solo que para ayudar a los amigotes inviertan en autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones o túneles ruinosos sino que además la corrupción generalizada desmoraliza a las PYMEs, a los profesionales y autónomos, desanimando las iniciativas empresariales y debilitando la recaudación fiscal.

Una política fiscal más progresiva y eficaz, un salario mínimo interprofesional más elevado y un paquete de rentas básicas de diverso tipo tendrían un efecto multiplicador expansivo. Los aumentos de las pensiones se traducen automáticamente y completamente en aumentos de demanda agregada mientras que los descuentos a los impuestos a los ricos no provocan aumento de la demanda interior. La protección y promoción de las PYMEs, las cooperativas las otras organizaciones de economía social y solidaria generará muchos más empleos que los estímulos fiscales a las trasnacionales.

La ruptura con el poder del lobby energético permitirá relanzar el sector de las renovables consiguiendo, además de la mayor sostenibilidad ambiental, crear más empleos y reducir nuestra dependencia energética del exterior mejorando a la vez la balanza comercial. En las próximas elecciones municipales y autonómicas debemos incorporar el proyecto de monedas locales que confieren ventajas a las PYMEs locales frente a las grandes trasnacionales mejorando así el saldo comercial. Y estudiar la posibilidad de que, una vez en el gobierno central, se emitan bonos de deuda pública dirigidos al público, en formato electrónico, transferible y fraccionable, que reduzcan el gasto financiero y nos puedan servir de escudo ante posibles ataques del BCE.

Las posibilidades de fortalecimiento interno, aun en un entorno hostil, son inmensas.

Pero el objetivo debe ser mucho más ambicioso. Para avanzar en las políticas sociales interiores debemos cambiar la UE. Podemos y debemos aspirar a asaltar y tomar la fortaleza.

La UE está siendo sacudida por fuertes terremotos y los carceleros están divididos sobre lo que se debe hacer. Europa está en crisis y todo el mundo es consciente de ello. En la lucha por la hegemonía mundial la UE está quedando marginada. La creciente desigualdad entre el norte y el sur de Europa está conduciendo a su ruptura. La indignación y el desencanto se extienden. El ultranacionalismo aislacionista está capitalizando la indignación en muchos países. El Reino Unido se va. Los gobiernos de Hungría y Polonia están quebrantando los principios jurídicos que son el fundamento ético del liberalismo europeo. Y Alemania y los países del norte están preocupados porque perderían mucho con el debilitamiento o la ruptura de la UE.

Están divididos y no saben qué camino tomar. El Libro Blanco de Juncker presenta cinco escenarios, a cual menos atractivo. Las élites políticas y económicas europeas son plenamente conscientes de que han cometido errores muy graves, de que los programas de austeridad solo conducen al estancamiento. Es muy evidente que hace falta un reforzamiento fiscal de la Comisión que le permita realizar una política de reequilibrio para corregir desigualdades entre regiones. El presidente francés Macron pide “poner en marcha mecanismos de solidaridad más potentes”. Es muy evidente que hay que cambiar el estatuto del Banco Central Europeo, dándole una nueva regulación, sometiéndolo a control democrático y ampliando sus objetivos más allá de la lucha contra la inflación. Es muy evidente que Grecia jamás pagará su deuda porque matemáticamente es imposible. Es muy evidente que hay que dar legitimidad a las instituciones reforzando la democracia y la capacidad de control del Parlamento Europeo.

Es por tanto el momento adecuado para intervenir activamente con propuestas atractivas y convincentes que puedan generar un bloque ganador que reconstruya una Europa del bienestar y solidaria, que corrija las desigualdades entre individuos y entre regiones y que cambie la estrategia de crecimiento en una dirección sostenible. En ese bloque deben participar los movimientos alternativos europeístas como Plan B y DiEM25, los verdes y las nuevas izquierdas, incluyendo aquí la llamada “nueva socialdemocracia”, es decir, los partidos que se reorientan a la izquierda tratando de renacer entre los escombros de la segunda internacional (¿El nuevo PSOE?). Pero, además, también podrán ser atraídos los “nuevos centros” del Cinco Estrellas o del En Marche!. En el programa de Macron hay algunos puntos que podríamos suscribir: la unión fiscal de la eurozona, con departamento de hacienda y ministro de finanzas propios, que gestionen transferencias fiscales permanentes de los países más fuertes a los desfavorecidos por la política monetaria común de la eurozona y un parlamento separado para la eurozona que se encargaría de la supervisión política y la rendición de cuentas del sistema, incluyendo el control del BCE. Esta unificación fiscal permitiría a los países del sur aumentar la inversión en infraestructura y estimular la creación de empleo sin infringir los límites a las políticas fiscales.

Necesitamos un plan B para una Europa que no tiene un problema de velocidad, sino una necesidad acuciante de cambiar de rumbo. Empecemos a darle forma a un proyecto europeo que recupere las raíces democráticas del antifascismo partisano, de la solidaridad, la paz y la justicia social. Un proyecto europeo que no excluya ni expulse a nadie porque sea un proyecto del que nadie quiera irse. Una tarea que se ha vuelto hoy tan urgente como imprescindible”. (Miguel Urbán en “El proyecto Europeo en disputa. Diario Pueblo, 26/03/2007)

No vamos a abandonar Europa. Vamos a asaltarla. Vamos a conquistarla. Vamos a cambiarla. ¡Sí se puede!

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