Los agentes económicos

En la actividad de producción y distribución económica intervienen tres tipos de agentes: las familias, las empresas y el Estado.

Las familias tienen un doble papel en la economía: son a la vez las unidades elementales de consumo y las propietarias de los factores productivos.  La palabra ‘familia’ hay que entenderla en un sentido amplio e incluye las familias formadas por una sola pareja o un solo individuo mientras tengan autonomía presupuestaria.

En los países subdesarrollados y en las zonas rurales de los países en desarrollo es muy frecuente el autoconsumo, es decir, que las familias produzcan lo que van a consumir, alimentos, menaje de hogar, incluso vestuario; como los productos destinados al autoconsumo no se contabilizan en las estadísticas, resultan muy engañosas a veces las comparaciones internacio­na­les de producción y riqueza. También son considerados autoconsumo los servicios de limpieza, preparación de alimentos y cuidado de ancianos, enfermos y niños prestados en el hogar por los miembros de la familia. La Economía Feminista señala que como en la organización social de tradición patriarcal las “labores del hogar” son realizadas por mujeres, esa no contabilización de su trabajo es una forma adicional de infravaloración y sometimiento de la mujer. En el sistema estándar de contabilidad nacional se considera que el valor de la producción de bienes y servicios destinada al autoconsumo es muy pequeña en comparación con el total del país, inapreciable a efectos estadísticos y despreciable a efectos científicos.

En resumen, las familias no producen, sólo consumen con las rentas que obtienen a cambio de ofrecer a las empresas sus factores productivos, la tierra, el trabajo y el capital que posean.

Las empresas son los agentes económicos destinados exclusivamente a la producción de bienes y servicios. Para realizar su actividad necesitan los factores productivos que les entregan las familias. A cambio de ellos  pagarán unas rentas: sueldos y salarios como contrapartida del trabajo; intereses, beneficios o dividendos como contrapartida del capital; alquileres o simplemente renta como contrapartida de la tierra. Los bienes y servicios producidos por las empresas son ofrecidos a las familias a cambio de su precio.

El estado es el agente económico que interviene en la actividad económica de forma más compleja. Regula los mercados, las empresas y las familias. Acude a los mercados de factores y de bienes y servicios como oferente y como demandante; además, es el mayor oferente y demandante en los mercados de bienes, servicios, y factores productivos. Por otra parte, a diferencia de los otros agentes económicos, tiene capacidad coactiva para recaudar impuestos, tanto de las empresas como de las familias; y también destina parte de sus ingresos a realizar transferencias sin contrapartida a ciertas empresas que considere de interés social o a algunas familias mediante subsidios de desempleo, pensiones de jubilación y otras.

El Estado es sin duda el agente económico más poderoso. Sin su intervención los mercados no podrían existir. Desde el código de Hanmurabi de hace 4.000 años hasta el “acervo comunitario” de la Unión Europea, la principal tarea de los Estados, la que genera más actividad legal, es precisamente la regulación de los mercados.

El poder económico de las empresas está basado en su capacidad de decidir qué bienes y servicios van a producir. También tienen el poder de influir en la cuantía de las rentas que van a entregar a cambio de los factores. Además de su poder económico algunas empresas (centros de enseñanza privados, editoriales y medios de comunicación, etc.) disponen de mucho poder blando. Otras (empresas de seguridad privada, ejércitos mercenarios) disponen también de algo de poder duro. Mediante donaciones a partidos, a políticos corruptos y haciendo uso de lobbies (grupos de presión especializados en convencer a funcionarios, políticos, legisladores y juristas) obtienen también un gran poder político.

El poder económico de las familias está basado en su capacidad de decidir, en mayor o menor medida, que bienes y servicios van a demandar. También tienen el poder económico de decidir a qué empresa van a entregar los factores productivos que poseen. Lógicamente las familias que disponen de más tierras o más capital tienen más poder que las que solo pueden ofrecer trabajo y solo podrán tener un medio de vida digno si su oferta laboral es aceptada.

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